lunes, 23 de abril de 2018

Auserón y la ley del deseo

Después de verlo varias veces en los últimos años, yo ya no podría recomendar un concierto de Auserón a aquellas (ni  a aquellos) de quienes Santiago fue amor platónico. Se sufre mucho, os lo digo. Que se lo pregunten a mi amiga Ama.

El tipo no ha dejado de evolucionar y moverse por caminos que pueden gustar más o menos pero que son senderos, al fin, que le llevaron del final de la Rambla a explorar el planeta sonoro de un modo singular. Lleva consigo un equipaje precioso de crooner, de trobador, que no ha dejado de ampliarse, como los horizontes de quienes conservan los ojos bien abiertos. Mantiene ese atractivo elegante de los que apostaron por envejecer bien. Y sabes que tiene cosas interesantes que decir, no se convirtió en un esperpento de su propio personaje. Me gusta esa gente a la que el escenario proporcionó, de verdad, tablas sólidas para andar el mundo.

Se doctoró hace poquito en filosofía, con más de sesenta años, y a mí me parece que  esto le encaja como un guante a este cantor y contador de historias. Verificar que conserva intacta esa voz tan especial, emociona. Por eso yo, personalmente y con todo mi respeto a la Orquesta (ORA) que le arropaba el sábado, pediría que no le dejasen tan poco espacio en algunos momentos. Sublime Anabel Lee, por ejemplo, pero faltaba aire en otros temas debido a  la intensidad de algunos arreglos asfixiantes de puro preciosistas . Si consiguen, con el rodaje, que la voz de Auserón se escuche nítida en todo momento, enmarcada en los bellísimos vericuetos por los que serpentea la agrupación sonora, pueden llegar al paraíso.

Pero aún así, se sufre. Y mucho. Porque quieres más y más y más y más. Porque tenerle ahí delante con su porte, su talento, su voz... sabiendo que las limitaciones del setlist y de la gira no permitirán retroceder (pero retroceder para zambullirse) a las canciones de Radio Futura... provoca una especie de desasosiego trágico... que solo perdonamos por ser vos quien sois, don Santiago... pero que no está nada pero que nada bien. Ay.

Deseo sin ley que lo ampare.

miércoles, 18 de abril de 2018

Puentes


Se me acumulan las despedidas.
Se atraviesan en mi pecho
puentes hacia el infinito.

Un día seremos viejos y pensaremos sobre las historias que podíamos haber contado.

domingo, 15 de abril de 2018

Liturgia bizarre


Ir a ver al Niño de Elche no es lo mismo que ir a un concierto, y ese es un pero que yo pondría al espacio de las Armas para la actuación de ayer. Vale que yo soy muy bajita y en un recinto tan reducido y lleno de gente mi visión nunca ha sido la mejor, pero dado el tipo de experiencia que plantea el Niño mi percepción es que habría ganado mucho en otro foro, uno que hubiese permitido sentarse y dejarse volar. Eso, o que me estoy haciendo mayor y cada vez me gustan más los conciertos en teatros. Qué cosa, la vida ¿eh? Quién nos lo iba a decir.

Al tipo se la pela casi todo, o así quiere hacer ver, y eso se traduce en que hace un disco, lo bautiza con la coletilla de heterodoxo y allí le cabe un recorrido inenarrable por lo que a él le evoca el flamenco. O no. La actitud melapelesca es muy importante para que su desafío mantenga una consistencia, y la verdad es que lo logra de modo notable... aunque yo viví algo de montaña rusa a lo largo de su repertorio. Pero eso sí, tiene una voz y un rasgado vocal que a mí me abre el corazón a la experiencia que él quiera, con todas las subidas y bajadas: él manda, nada que decir ante semejante tesoro que guarda en la garganta.

Dicen que es punk, yo ya no sé lo que es ser punk, ni casi nada. Surfea de la mano del organista de la Sagrada Familia que le lleva hasta caminos que enlazan a Lorca, la Nati Mistral, un cubismo que no es cubismo, un montón de gente rara y el Bomba de Lola Flores. Y todo eso removiendo por dentro al personal con una distorsión en la que se ve de lejos la sombra de Refree, que todo lo que toca parece hacerlo más profundo, hasta el tuétano.

Es un crack, sí. Le sobra cante y se empeñó en contarnos que también le sobra cuerpo. Pero a mí me atrapó más fuerte formando parte de Exquirla aunque, sin duda, estaba ahora muy bien acompañado/a/e en el escenario. El recuerdo de aquella intensidad con Toundra se convirtió en un peso que anoche no pude soltar.


Reincidente

Guardo un recuerdo tan luminoso de aquellos últimos tiempos en Huesca como del salón que compartíamos, con su amplio ventanal. No creo que Chesus haya podido perdonarme la de veces que escuchó a Jorge Drexler a su pesar. Lo siento. Y es que con la música me pasa como con algunas personas, lugares o pensamientos: reincido en ocasiones hasta el exceso. Ayer fue un día de realidades raras para mí, extrañas pero demasiado cercanas como para sentirlas ajenas. El calor de personas que han estado allí toda una vida aunque en planetas distintos contrasta con el hielo de algunos seres que pueblan el mismo universo cotidiano. Las ideas y los amores, qué lío. La coherencia y los afectos, qué fango. La impostura, los escaparates, cuánto cansancio. Y el convencimiento de que, en el fondo, todo es mucho más sencillo. ¿O no? No sé bien qué vino antes o después, pero algo de este sábado hizo que en mi cabeza volviese a sonar esta canción que a mí me sirve para centrar, para dejar de reincidir en alguna emoción rara que todavía se cuela. Desde que recuerdo, nunca he dejado de sentirme una mora judía que vive con los cristianos.


viernes, 6 de abril de 2018

El asombro


Ella me mira con ojos como platos cuando le explico algo que le interesa. Me iluminan, con ese azul casi gris tan suyo, tan especial, como si yo fuese muy importante. Él tiene unos ojitos redondos que no paran de reír pero también pueden ponerse tristes muy rápido cuando cruzando los brazos se planta "pos yo ahora mismo estoy bastante enfadado". Y es que aprender a enfadarse en la justa medida no es tarea fácil. Son increíbles. Sus miradas están cargadas de expectación y de futuro. Leo en algún lugar que Kafka decía que la juventud es feliz porque posee la capacidad de ver la belleza, y es al perder esa capacidad cuando comienza el penoso envejecimiento, la decadencia y la infelicidad. Quien todavía puede observar  la belleza es porque no se ha hecho tan mayor. Algo de eso es el asombro, qué tesoro, esa sensibilidad por la que lo que sea se nos hace bello, novedoso o inaudito: ese pedazo de niñez que permanece intocable.


miércoles, 4 de abril de 2018

Escombros


El último habitante del planeta sueña que no es el último. Si no queda espacio en nuestro deseo para lo que nunca sucederá, ¿cómo transitaremos los vericuetos más remotos de la imaginación?

El último habitante del planeta fantasea con que no está solo. Y cae, fulminado, junto a los escombros de un mundo que ya no puede abarcar. Que no tiene a quién contar. Que no es. 


miércoles, 28 de marzo de 2018

Biciclet.ada.s micropoéticas in progress


Ni maillot amarillo ni maglia rosa ni jersey rojo:
desnúdate.
       ¿Acaso no es un pelotón
         una jauría de gente en pelotas?


Recopilando microideas ciclistas para un proyecto