martes, 10 de julio de 2018

Mi niña

Hace unos días representaba una parte de mi espacio relacional a través de figuras de Playmobil con el objetivo de entender algo, o intentarlo. A veces lo hago y el panorama, de repente, parece más sencillo. Los personajes se organizan en el tablero de un modo muy curioso, casi mágico. Y es que aunque no tengo nostalgia de volver a tener 20 años -me parecería una maldición más que una suerte- sí volvería a algún recodo de la niñez a verme jugar, por escuchar las cosas que decía entonces y, sobre todo, para abrazarla fuerte. Quizás toda mi nostalgia comience y termine en ellas: mi madre y la infancia.

Me asomaría a los días de zapatillas voladoras con taco de goma, lentejas y yerba cocida engullidas a mi pesar, vacas en la cuadra, juegos en la casa de muñecas de Begoña y el montaje de aquella CIA (centro de investigación "aeroterráquea"- porque nos subíamos a los árboles-) con Tote y las demás. También a Gistaín, volvería a corretear arriba y abajo por sus calles empedradas y retornaría sin prisa a los días largos en la Ribera. Aquella borda, el olor de la pradera de montaña, los sacos de pan que compraba yaya Presen, el paisaje alrededor, retazos de paraíso.

Abandonamos los juegos demasiado pronto; si no que se lo pregunten a Gala, que no quiere hacerse mayor. Dejamos de jugar prematuramente y nos incrustamos en un mundo adulto para el que no estamos preparados. Es imposible estar preparada. Creo que fue Rainer Maria Rilke quien habló de la infancia como patria; habría de leer a ese hombre al que nunca presté atención. Es significativo y hermoso eso que dijo, ¿no?

Jamás me hice mayor, ahora lo sé, no crecí: aquella adolescente se empotró de golpe contra una adulta impostada. Y fue terrible aquello, devastador, por más incomprensible que resulte. Tampoco es explicable. Da igual. Pero es cierto, tanto como el ambiente revuelto que presagia la tormenta de verano, que quedé con ganas de más y más y más y más y más y más y más aun, pese a que entonces yo no lo sabía. Quizás por eso, solo quizás, ya nunca he podido parar de jugar.


sábado, 30 de junio de 2018

Aquel mar de dudas

Hay canciones que atrapan algo de mí al vuelo, o viceversa, como sucedió con ésta de Love of Lesbian, un grupo al que nunca presté atención hasta el hallazgo casual de (este) su tesoro.

A veces me falta el verbo preciso, otras me sobra: ¿acaso no son apasionantes el capricho y la tiranía de la inspiración? Sucede que la vida, insaciable, no para de traer y llevar, como el oleaje de mi mar de dudas, ese que siempre ha estado en el fondo -o en el trasfondo- con su sonido extrañamente apaciguador. Y tampoco para de acercar y alejar las palabras, herramientas de humanización, danzando al vaivén de sus impredecibles mareas.

También yo acogí algunos términos abandonados, del mismo modo que trato de mecer en el hueco de mis manos todo lo difícil e incómodo, con resultados desiguales. Entendí de Serrat que "no hay que olvidarse los afectos en el patio" cuando él se refería a los acentos. El mar revuelto. Quizá si pudiéramos pensarlo juntos él y yo hablaríamos de acentuar los afectos, dar tono a lo que merece la pena y silenciar lo demás. Nunca lo sabré. La duda.

Es hermoso este tema, desde el primer acorde hasta la última palabra recitada. Ahora, justamente ahora que ando (o nado) un poco como sin palabras, como con la piel muy fina, como con una alegría serena, esa que aparece cuando se (cree que se ) ha llegado a buen puerto... el Poeta Halley regresa, certero, para rozar el centro de mi diana.

A brillar, que son dos sílabas.


sábado, 23 de junio de 2018

La lumière

Que el fuego de la noche más brillante del año nos devuelva la luz y la belleza.
A ti y a mí.
Solo eso.

Mi único deseo confesable de hoy.


viernes, 22 de junio de 2018

Fotos y recuerdos

Llevo un par de semanas en las que la radio me da la bienvenida a los días con esta canción, que me pone las pilas. Brutal. Me arrebata la versión de The Pretenders que se marcan los Downtown Boys porque, sí, Marta Echeverría y Ángel Carmona, no sé qué me pasa pero tengo todas las fotos fuera de las cajas y no paran de aflorar recuerdos, personas y emociones en relación a esas imágenes que me ha dado por revisitar.

Hay algo simbólico en las fechas, en este justo momento, pleno de significado. Cuando cumplí 40 recogí cuarenta pequeños textos que regalé a mis seres excepcionales. Ahora ando como loca recopilando personas de lo que es mi vida, esa pequeña insignificante dentro de un universo voraz pero, tan hermoso e inabarcable a la vez, que es capaz de hacer que esa misma pequeñita vida sea, en algo, significativa.

En definitiva, que tengo revuelto el punk. Algunas y otros lo sabéis. Pero no pasa nada, vamos aterrizando, él y yo, componiendo el álbum de mi cabeza, que no solo con fotos tuyas se llena (al contrario de lo que cantaba Andrea Echeverri, de Aterciopelados, ¿os acordáis?). Y algo haremos con ese collage de sujetos con  los que fui capaz de predicar, si es que eso se pudiera decir de con quienes construí predicados, imprescindibles para explicarme a mí misma. Siempre he pensado que soy una afortunada relacional, si es que eso es (también) algo que se puede ser.

Recoger a mis importantes es también un homenaje a ese final de Big Fish, donde todo cuadra para el hijo que no creía las historias de su padre, esa película delicada y vital de la que siempre me encandilaron sus flores raras.  Increíble.

Mi única militancia intachable: la excepción.

domingo, 17 de junio de 2018

Y sin embargo

Qué triste me pone ver que a Sabina se le acaba la voz. Este levantador de pasiones profesional y canalla sigue siendo un poeta al que le guardo respeto, al que debo mucha banda sonora y al que perdono algunas ofensas, sí señor, a cambio de lo que me ha hecho disfrutar. Desde que se humanizó un poco y empezó a deprimirse y contarlo, perdió fuelle para la música pero ganó en generosidad. Es amado y vilipendiado a partes iguales, solo le faltó ser taurino y cascarlo, como si se pudiera andar contando los vicios inconfesables, qué ternura. Por mí clausuraría la tauromaquia, pasaría página abrumada por la vergüenza, dejaría la sangre del animal en paz. Pero a Sabina, ahora mismo y sin embargo, si lo tuviese cerca, le ofrecería un abrazo bien largo en ese cuerpo huesudo y mientras le daría las gracias, sentidas, por todas y cada una de sus letras y por la calidad de la emoción.

Quien no tuvo algunos amores cuestionables es que no vivió.

 

jueves, 14 de junio de 2018

La fuerza que tengo dentro


Toda la fuerza que tengo dentro -como canta El niño de Elche- puja en un ejercicio honesto, descarnado, pero de simple y pura supervivencia. No hay mérito.

En estos momentos dejo que me acompañe el disco nuevo de Montefusco y sus colaboradores de lujo, ese descubrimiento relativamente reciente, porque me parece que contiene mucha verdad con poco artificio, fuerza en definitiva, algo que valoro mucho. Busco bandas sonoras amables siempre pero cuando la existencia se me amontona se convierte en una necesidad vital.

Además de mil y una historias prosaicas que pueblan estos mis días, esta mañana desperté a la vida relacional con un hermoso mail de agradecimiento de un alumno. Dani me ha hecho hoy ese regalo. Personas que merecen la pena. Y es que todos necesitamos reconocer en la atención y las palabras del otro la fuerza que tenemos dentro.


miércoles, 13 de junio de 2018

Cristales


A veces solo hace falta un golpe de viento con la suficiente fuerza.
A veces solo hace falta que algo se rompa para estar segura de que todo, bien o mal, funciona lo mejor que puede.